"Caminos concluyentes en un abismo tumultuoso de cuerpos y almas
inertes, disfrazados de almas piadosas, las cazadoras de hombres,
amantes de placeres dados y por dar, recaen en un sufrimiento
extasiado de dolor y places, mezcla inusual.
Las nubes del cielo se tornan rojas cuando entro en la senda color
carmín, lloran por cada paso que doy hacia el abismo, mi corazón late
a un ritmo desquiciado, estallara en cualquier momento, lo se... pero
las ansias de locura y las ganas del horror que me esperan no me
dejan apaciguar el paso o detener la marcha.
Dejando mi pasado mi futuro y mis vivencias, encontré el pasadizo
oculto entre los corazones de los olvidados, ellos que sin mirar a los
lados están faltos de afecto, ellos son la llave del destino, ellos nos
los que puede hacer del mundo un mejor lugar, pero no... No los tome
en cuenta solo camine entre ellos y sucumbí ante el placer, la gloria,
el sufrimiento y las heridas.
Llego en el momento junto con una mujer al borde del precipicio ella
con sus muñecas sangrando y cantando en voz baja casi inaudible
para oídos humanos, levanta la mirada hacia mis ojos, le miro
fijamente y con una sonrisa, no se si burlona, tal vez fue una sonrisa
compasiva o tal vez no fue ni sonrisa... levanta sus brazos y grita a
viva voz con toda la fuerza que le quedaba a ese cuerpo
huesudo,-!PERDONAME MADRE¡¡¡, y se deja caer a un poso sin
fondo que es el abismo...
mi caminata concluye allí, hace tiempo que no lloro y no se por que lo
hice ahora, pero esa lagrima que brota de mi mejilla me deja sin
gusto, sin tacto, me nubla la visión y me despierto en los brazos de
esa niña que hace un momento se cayo en el abismo..."
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