Hablan muchos, algunos cantan, otros beben y algunos lloran, pero cuando se le nombra todos callan.
Eso es lo que ocasiona en TETUE, el pueblo sureño donde vivía mi abuelo.
En una de las tantas caminatas diarias para salir a comprar pan, me conto una mas de las hermosas y a veces terroríficas historias que conoce. Pasabamos por el puente del colgado, supuestamente en las noches de luna llena en el sauce que vive en la ribera del rio se ve a un hombre ahorcado que pide limosna para pagar el pasaje al cielo
Me aterraba cruzar ese puente así que mi abuelo me tomaba en brazos y me cruzaba abrasándome, cuidándome.
Mientras caminábamos, luego de cruzar el puente, en el aire paso volando una bandada de pájaros, el grito era escalofriante, parecían los alaridos de un alma humana, torturada, lo repetía tres veces seguido de un silencio sepulcral luego nuevamente el grito. Mi abuelo me miro, me tomo en sus brazos y me apretó como si tuviera miedo por mí, al pasar la bandada, no sentamos en “el roble”, un gran árbol que voto hace algún tiempo un rayo, ahi comenzó una historia…
“Hace algunos años, vivía un hombre en la colina, era un hombre pobre, su nombre era Pedro, hace mucho tiempo que vivía. Su esposa había muerto, falleció en una gran tormenta que hubo, el crío solo a sus 2 hijas, que ahora viven en Santiago como tu, le abandonaron muchos años, Pedro trabajaba sus tierras y vivía solo, no se mezclaba con nadie, vivía a duras penas. Una noche al igual que hoy paso una bandada de pájaros negros, su grito era tan escalofriante hoy como ese día, y se escuchaba como ”Tetueeee-tetueeee-tetueeeeeee”. Nuestro estimado Pedro, los miro con los ojos llenos de tristeza, y desde el corazón exhalo un grito pidiendo ayuda para poder comer, les lloro por la cosecha, por las vacasque ya no querían dar leche y les lloro por cualquier ayuda que ellos le dieran, les prometió a cambio un buen té.
A la noche siguiente paso un hombre grande de abrigo negro y sombrero por la casa de don Pedro, este le regalo un saco de papas a cambio de una taza de té, don Pedro asustado le recibió el saco y lo convido a pasar por el té prometido, a la noche subsiguiente, paso el mismo hombre acompañado esta vez por otro mas y repitieron el mismo ritual. Así fue durante una semana, el día domingo el hombre llego con un grupo de 30 hombres a tomar té, don Pedro no dio mas y les cerro la puerta en la cara, miro por la ventana y quedo frio cuando vio a los hombres votar su cabeza y que desde sus orejas nacieran unas alas negras como la noche, desde sus barbas una garra roja como el fuego, el grito de los pájaros era aun peor ahora era una mezcla de rabia, ira, tristeza, eran alaridos dolorosos, los cuales quebraron los vidrios de las pocas ventanas que quedaban en la casa humilde de don Pedro, entraron volando uno tras otro por las ventanas y lo despellejaron vivo, cuando paso el ultimo de los pájaros, comió sus ojos y con esto se llevo el alma, desde ese día nadie ha ido a la casa en la colina”
Mi miedo era gigante, mi abuelo lo noto se rio y me dijo –no creas historias de las que no has sido parte.
Volvíamos a la casa con mi abuela con el pan, y en el camino encontramos a un hombre alto, de abrigo negro que tiraba migas a los pájaros negros y le decía –ya nadie cree en historias pasadas…
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